¿Has visto inventos inútiles?
Seguramente sí.
Es cierto que eso de “inútil” puede ser subjetivo, ya que lo que para mí no tiene sentido, igual a otra persona sí que le encaja.
Hoy vengo con una lección que, si eres inventor, te va a interesar.
A por ello.
Creo que de cada conversación con los clientes podemos sacar lecciones de mucho valor.
En una de ellas, hace unas semanas, le comentábamos a un cliente que, lamentablemente, su invención no era patentable.
Él nos dijo: “pero si mi idea es muy útil”.
Y tenía razón. Su idea era útil.
Pero no tenía razón en pensar que el hecho de que algo sea útil es suficiente para que sea patentable.
Desde un punto de vista comercial, la utilidad del producto puede ser clave en la estrategia que lleva al éxito.
Sin embargo, en el mundo de las patentes, su nivel de utilidad (o de inutilidad) es irrelevante.
Cuando un examinador de una oficina de patentes recibe una solicitud, no valora si el invento es útil o no.
Lo único que analiza es si cumple con los requisitos de patentabilidad. Y, sobre todo, si puede considerarse jurídicamente un invento.
Eso es lo importante.
Por lo demás, puede ser una funda rígida para plátanos (sí, existe), y si es inventiva, se concede.
Incluso podría ser un paraguas para zapatos (sí, también existe), y aunque nadie entienda para qué sirve, si jurídicamente es inventivo, se concede.
Por tanto, cuando tengas una idea y quieras patentarla para tener exclusividad en el mercado, no valores su utilidad.
Valora su patentabilidad.
Eso te evitará caer en el error de solicitar una patente que solo te traerá gastos, tiempo perdido y una bonita (y dolorosa) denegación.
¿Tienes dudas? Contáctanos 🙂
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