Gracias, Isabel.
No, no me refiero a ti que estás leyendo esto (que además probablemente no te llamas Isabel).
Me refiero a mi compañera, que me dio una idea muy buena para compartir contigo hoy.
Y es sobre los títulos de patentes.
Pero… ¿no hablamos de títulos la semana pasada?
Sí. Pero me dejé un punto importantísimo. Y gracias a Isabel, hoy lo arreglamos.
La semana pasada hablamos del uso de marcas en el título y de su longitud.
Hoy toca hablar de la relación entre el título de la invención y las posibles patentes anteriores.
Esto es relevante porque, con cierta frecuencia, escucho a algún inventor decir: “vamos a poner el título X para que no choque con otros inventos”.
Mal.
Mal porque el análisis frente a otras patentes se hace a partir del contenido de la memoria, no del título.
Te pongo un ejemplo un poco absurdo, pero muy visual.
Imaginemos un invento: un armario con baldas transparentes y luz LED en el interior.
Entonces un inventor decide patentar esta idea y la llama “contenedor”.
Más adelante, viene otra persona y quiere patentar lo mismo, pero como es “muy lista”, dice: “para que no me pillen, le pondré el título de expositor”.
Entonces, ¿tenemos dos inventos distintos? ¿Un contenedor y un expositor?
Qué va. Tenemos dos patentes iguales.
Da igual cómo lo llames. Es lo mismo.
La segunda persona no podrá patentar ese producto, aunque lo llame Luis Miguel.
Así que ya sabes: cambiar el título no hace que tu producto sea novedoso… si realmente no lo es.
Por eso es crucial dejarte guiar por expertos en patentes que te hablen claro y te digan las cosas como son (y no como te gustaría que fueran).
¿Alguna pregunta? Contáctanos.
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